jueves, 24 de enero de 2013


SUEÑOS DE TERROR  COMPARTIDOS


Todas ellas se juntaron para matar a Leo. Alguien las adiestró para que atacasen sin piedad. Comenzaron a salir de todos los rincones de la habitación. Eran gigantes, tan grandes como la mano de un hachero.  Se pararon  rodeando el cuerpo. Leo estaba atado por sus miembros con unas correas sujetas a las paredes del cuarto. Tenía tapada la boca y solo se escuchaba de él un sonido de llanto ahogado. Sus ojos estaban rojos y su cara pálida por el terror. De pronto pudo ver como salían de los pequeños huecos del techo y de las paredes. Eran miles y miles. Una de ellas, la más cercana a su cara, se paró en cuatro patas y con las delanteras rosaban su cara como queriendo descubrir su fortaleza ante semejante experiencia. Cuando estas estaban por atacar, comenzaron a aparecer cucarachas, millones de cucarachas. Las paredes de la habitación se cubrieron con este asqueroso insecto. Estas profirieron un sonido muy agudo y comenzó la masacre. Patas,  alas, abdómenes, cabezas se veían desparramarse por el piso y caían una tras otra de las paredes y del techo. Las malditas rechazaban la muerte inyectando su veneno mortal. En otro momento, comenzaron a aparecer víboras chicas y enormes y entraron en lucha con los otros dos bichos. Ahora corría sangre, tanta que empezó tapar el piso con un rojo bermellón, pero no llegaba al cuerpo de Leo.  En todo momento presintió que había alguien más en la habitación. No podía ver detrás de su cabeza. Pero allí estaba una mujer atada y totalmente desnuda como él con la misma posición morbosa. Ella sí pudo gritar despertándose de la pesadilla. Susana, su mujer, asustada saltó del colchón - cama a la vez trataba de calmar al marido. Con sorpresa, vieron en un rincón de la carpa como una araña  se  devoraba una cucaracha. Justo al lado, una serpiente de las venenosas movía frenéticamente su cola apuntando la cabeza a la pareja aterrada. 

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